El mundo al otro lado del espejo.
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12.6.12

No he buscado a nadie...

... llevo días, buscándome yo



Naia se ha levantado con los ojos rojos y directamente ha suplicado por café.
Sólo quería un día entero con la sonrisa pintada en la cara, pero no se quita las lágrimas de encima, parece que las quiera más que a mí. 


Se ha vuelto a meter en la cama. Como no coja un cubo de agua hoy no se moverá...

26.3.11

Cry

Nena, deja de llorar. No merece la pena.
Mañana te despertarás y el llanto pertenecerá al pasado. Ni siquiera lo recordarás.
Puede que la apatía siga anidando en tu cuerpo, pero eso no quita que pueda cambiar.

Pero Naia seguía acurrucada, mirándola con los ojos llorosos y esa cara de pena que se le pone cuando siente que se le han ido las fuerzas. Aunque lo único que consigue es que Anne sonría, porque se parece más al berrinche de una niña de apenas cinco años. Y entonces Naia se enfurruña más, intentando parecer mayor, hasta que se le olvida porqué estaba triste.



Las flores ya están creciendo.

30.1.11

Tienes que olvidarlo.


9.9.10

¡Eh!

¿Dónde está mi ramo de nomeolvides?

12.5.10

Anne grita con la pluma en el papel.

Pero es que estoy harta. Harta y cansada.

Me da la impresión de que no vives en mi misma realidad.
Pronto me habré ido. Me habré ido para siempre.

Y tú seguirás escribiéndome en un idioma que paeces creer que no entiende nadie más, y me hastía verte luchar una y otra vez por nada, insistir como un tonto después de haber hecho tonterías.

Abre los ojos de una puta vez, no estoy hecha para tí ni tú para mí, y ninguno de los dos hemos tenido nunca un amigo de verdad.

Y me cansaré cuando vea tu respuesta desesperada, o tal vez desinteresada, o para mi sorpresa, no la haya.
¡Ojala! Ojala te des cuenta por fin de que el juego terminó, y que sólo nos quedan los murmullos de las melodías con que cada uno recuerda al otro.

Y es así porque ambos, inconscientemente, lo decidimos, y no merece la pena que lo niegues, porque volverás a ser patético, como siempre Como siempre que te niegas a tí mismo que yo ya no estoy ahí. Como siempre que te convences de que, por arte de magia, mis días se alargarán y llegaré a vieja.

¡Pues no! ¡Hazte a la idea, joder!
¡Me voy a morir, y pronto!

4.5.10

All the cigarettes I've never smoked.

Miente.
Cuéntales una mentira.

No trates de hacerles entender la verdad, ellos nunca abrirán sus ojos.
No creas que dominas la situación, esto no es como en las películas. No tienes un punto de vista externo, una "voz en off" que te informe de todo lo que ocurre alrededor.

Esta vez estás dentro.
Y cuanto más dentro estás, más ciego eres.

Miente.
Y sobretodo, créete tu mentira. 



Así funcionaba Anne.

30.4.10

Respira hondo.


Hasta que sientas cómo se llena de oxígeno hasta el último rincón de tus pulmones.

Plantéate qué estás haciendo, plantéate qué vas a hacer, plantéate todo.
Menos por qué la colilla sigue encendida, y por qué sigues empeñándote en menospreciar tu vida como si no hubiera un mañana.

Las cosas han cambiado. Mucho. Más de lo que imaginas.
No puedes pretender que respondan, después de tantas niñerías, a tus señales de humo con urgencia y agradecimiento.

Una vez te dijeron que eras el tipo de persona que se quedaba sentada esperando a que el mundo viniera a ella, porque de hecho ocurría así.
Pero ahora el mundo se ha parado, y tiene mejores cosas que hacer que fijarse en la chica de la tercera fila que se retoca los labios con su espejo de bolsillo.

Y no sabes hacer nada más, salvo seguir esperando a ver si alguien reacciona y te pide el número de teléfono para quedar, o simplemente te saluda.
Sí. Con un "Hola" te bastaría. Te bastaría para no sentirte invisible.


La chica se levanta y se va.
Ha quedado con la mujer que nunca habla, la única que sabe su secreto.

1.4.10

·


Quizá no haya sido una buena idea esto de vivir.

26.3.10

Anne.


La noche estaba tranquila.
Le sorprendió ver estrellas en el cielo de ciudad.

Dio un par de caladas más al cigarrillo y sintió que se mareaba. Se apoyó contra la pared y terminó de apurar la colilla.
Le temblaban las piernas, así que se sentó y echó la cabeza hacia atrás, viendo las nubes pasar rápidamente y dejando que el suave frío le acariciara el rostro.
Cerró los ojos y respiró hondo.

De pronto, todo comenzó a dar vueltas. Empezó a reírse sin motivo aparente, con un deje de histeria, hasta que se levantó y decidió volver a entrar en casa.

Se encontraba francamente mal; la angustia se apoderaba de su estómago mientras un sudor frío le recorría todo el cuerpo.
Se fue deprisa al baño y, como era de esperar, vomitó en el lavabo, sujetándose el pelo con una mano y echándose agua con la otra.

Una vez calmada y limpia, levantó la vista hacia el espejo y se miró a los ojos.


"¿Quién eres tú...?"